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viernes, 26 de agosto de 2011

Tarot: tras las huellas del juego sagrado. Parte IV

-Migue, dice Pato si le podés tirar las cartas-, me dijo Giovanna desde el cuarto. En realidad, no habían pasado los tres meses que yo supe, desde el primer momento, debían pasar, y sin embargo, algo me decía que no estaba mal si aceptaba esa oportunidad.
-Bueno…está bien, decile que sí. Pero decile que se las tiro con el papelito al lado…

Llegamos a lo de Patricia un poco más de una hora después de su llamada. En mi morral estaban las cartas, esperando el momento preciso de salir a la luz y ser usadas por vez primera. Giovanna y Patricia conversaron sobre lugares comunes, como siguiendo una especie de ritual pactado previamente. Yo, en cambio, escuchaba la conversación, y de vez en cuando participaba emitiendo alguna risita o un “Ajá”. Estaba nervioso, aunque si me pidieran que especificara qué era lo que me ponía nervioso no podría decirlo con precisión.
Estábamos allí, en la casa de Patricia, casi tres meses después que una conversación en su casa me había impulsado a internarme en el mágico mundo del Tarot. Ya no podíamos hacer de cuenta que estábamos allí como otras veces, pues, esta vez, había una razón por la cual nos estábamos viendo: le iba a leer las cartas. Así que, luego de una breve charla preliminar, nos acomodamos en la mesa del comedor para comenzar con la tirada.
Así pues, saqué mi bolsa de tela con las cartas, y desplegué sobre la mesa una tela que había comprado para que hiciera las veces de “mantel” o tapete de las cartas. No es “necesario” para la lectura disponer de una tela o paño donde disponer las cartas. Lo que ustedes vean o no, no depende del mismo. Sin embargo, es una manera de reafirmar que eso que estamos usando, las cartas, son un objeto especial, un objeto sagrado. Como tal, merece ser tratado con cariño y respeto, y lo utilizamos sobre un paño que habremos elegido y dedicado solo para esa función, es decir, el paño de las cartas es de las cartas, y no se usará en otra cosa.
Este paño evita que los naipes entren en contacto con cualquier cosa que pudiera estar sobre la mesa donde nos disponemos a la lectura, es una señal para el consultante, sobre el carácter sagrado de lo que vamos a hacer, y nos ayuda a nosotros a concentrarnos en nuestra tarea. Por lo tanto, el color del paño es importante. Personalmente, prefiero los tonos pasteles a los tonos fuertes y brillantes. Del mismo modo, prefiero las telas naturales a las sintéticas. De todas formas, tal como les he dicho en otra ocasión, sigan su intuición. Les sugiero que vayan a la tienda de telas que prefieran, y allí vean la mercadería disponible. Sientan las texturas y observen los colores: seguramente encontrarán la tela correcta para ustedes[1].
Pues bien, desplegué el paño de las cartas, y encendí un incienso de mirra. Siempre consideré que hay dos inciensos que, para mí, son algo así como los inciensos sagrados: la mirra y el sándalo. De todas formas, he experimentado hacer lecturas utilizando otros aromas –opio, patchuli, cannabis, ámbar, lavanda-, y los resultados han sido muy buenos también.
El uso de inciensos a la hora de una lectura no es obligatorio, claro está. Personalmente, creo utilizarlos en la consulta reafirma la idea de tiempo sagrado, es decir, al encenderlo estamos dando comienzo a un tiempo, el tiempo que durará la consulta, y ese tiempo es un tiempo especial. Desde la antigüedad, quemar inciensos ha sido costumbre en las ceremonias religiosas, por lo que nuestro inconsciente capta enseguida que algo extraordinario está sucediendo, sin mencionar el poder de la aromaterapia en sí misma. De todas maneras, es conveniente antes de encender un incienso asegurarse que el consultante no es alérgico al mismo, o que simplemente no le molesta el humo pues de ser así, el clima de la consulta se vería entorpecido si el consultante está incómodo o estornudando cada cinco minutos.
Otro elemento que utilizo en mis consultas es casi de un valor ornamental, pero significativo: unas pequeñas amatista, que coloco en el borde del paño, delante del consultante. Son tres pequeñas piedritas, y las uso como si fueran los tres pilares de una muralla que se interpone entre el consultante y yo. ¿Cuál es la razón de esto? Bueno, en toda lectura de Tarot se mueven muchas energías: las del consultante, las del lector, y las de quienes sean testigos de la consulta, si es que los hay, sin mencionar las energías propias del lugar donde se realice la consulta. Por lo tanto, mi intención con las amatistas es neutralizar aquellas energías negativas que puedan rondar en ese momento, y transmutarlas, aprovechando su color violáceo.
Allí tenía mi mesa armada: el paño extendido sobre la mesa de madera, el incienso humeante, las piedritas en el borde del paño, y por supuesto, “el papelito” desplegado sobre mi pierna derecha. Pero, ¿cómo seguía la consulta? A mi izquierda, en la cabecera de la mesa, Patricia expectante, me miraba con entusiasmo, esperando que le dijera qué debía hacer para comenzar la tirada. A mi derecha, Giovanna era testigo ocular de lo que yo estaba haciendo por primera vez. Comencé a barajar las cartas, sin prestar atención a las figuras que veía pasar en cada movimiento, mientras, mentalmente, pedía que aquella lectura fuese de utilidad para Patricia y para mí. Para ella, al poder responder sus preguntas, fuesen cuales fueran; para mí, como tarotista o sacerdote, pues quien maneja lo sagrado es eso, un sacerdote. Al cabo de unos segundos, miré a Patricia y le dije: -No cruces las piernas, por favor, y cortá con la mano izquierda. Hacé tres montones. En aquellos casi tres meses, había leído sobre diferentes tipos de tiradas: tiradas generales, tiradas astrológicas, tiradas para personas ausentes, etc. Leí sobre la manipulación del mazo, cómo barajar y cómo no barajar. Leí autores que aseguran que lo mejor es que el consultante baraje las cartas; leí autores que afirman que lo mejor es que el tarotista baraje el mazo y que el consultante solo corte una o tres veces. Algunos autores enfatizan lo importante de saber la fecha de nacimiento del consultante, mientras que hay otros que sostienen que cuanta menor información mejor es el resultado final. Existen tantos maestros y técnicas como modelos de barajas en el mercado, y sin embargo, me quedo con lo que algunos pocos sugieren al final de sus textos: olvida todo lo leído, y confía.
Patricia formó los tres montones, y le pedí que eligiera uno de ellos. El que eligió fue el primero que agarré, poniendo los demás, debajo de ese montón. Y comencé la tirada.
En los libros que había consultado se mencionaban distintos modelos de lectura. Casi todos mencionaban el modelo de lectura rápida de tres cartas, para pasado, presente y futuro, en ese orden, leyendo de izquierda a derecha. La mayoría mencionaba la cruz celta, una tirada de la que hablaré luego, que en aquél entonces me resultaba compleja y un tanto confusa. Entonces, pensé en hacer algo más “simple”, por llamarle de alguna manera.
Sacando cartas de “arriba” del mazo, es decir del montón elegido por mi amiga, comencé a formar una fila de cinco cartas, dispuestas de izquierda a derecha. Debajo de esa fila, otra de cinco cartas, y así sucesivamente, hasta completar siete filas de cinco cartas cada una.
Si me preguntasen de qué autor tomé esta disposición de cartas, no sabría qué responderles, pues fue algo que realicé instintivamente. Del mismo modo, se me ocurrió leer de izquierda a derecha, y de arriba hacia abajo, es decir, de la primera fila hacia la séptima. Al ser cinco cartas, en mi interior me figuré que las dos primeras me hablaban de cosas pasadas, la del centro del presente, y las dos siguientes del porvenir. Claro está que demoré en poder dar una lectura en voz alta, pues cada carta debió ser contrastada con “el papelito”, tal como ya les mencioné. No sabría decirles qué cosas fueron las que dije en ese momento, pero sí recuerdo que Patricia me miraba con sus ojos muy abiertos, y que Giovanna se reía de a ratos como nerviosa. Es que a cada cosa que yo iba comentando, Patricia decía que así era. Para serles sinceros, aún no me acostumbro a ese sentimiento, es decir, aún hoy día, cada vez que quien me consulta me reafirma aquello que yo le estoy diciendo, no puedo evitar sonreírme y maravillarme. Son tan solo 78 cartones pintados, y sin embargo, hablan, en todo momento y en todo lugar, a todo tipo de persona. Es absolutamente, maravilloso. La tirada general me muestra cómo están las cosas hoy, y me da algunas “pistas” sobre qué temas podría buscar mayor información. En general, esta tirada me dice cosas sobra el consultante, cosas significativas: sobre su entorno, su situación sentimental, su familia directa, lo que le preocupa u ocupa sus pensamientos en el momento de la consulta.
Mi primera lectura, entonces, fue algo así como un pantallazo general sobre la vida de Patricia en el último tiempo, y sus posibilidades a futuro. Como se imaginarán, al terminar la tirada me preguntó: “¿Puedo hacer preguntas?” La tirada general, en mi experiencia, es comparable a una fotografía satelital: me muestra una situación hoy, en este momento, y me indica qué puede suceder si todo sigue como está. Porque no debemos olvidar que el destino lo hacemos cada día de nuestras vidas. Sobre el destino, volveremos más adelante. Así pues, le dije a Patricia que preguntase lo que quisiera.
-¿Y qué pregunto? ¡No sé qué preguntar!
-¿Hay algo de lo que te dije que te gustaría saber más, preguntar algo sobre eso que te dije? No sé…-le respondí.
-Bueno...sí...está bien, ya sé. ¿Te pregunto?
La mayoría de manuales sobre Tarot, recomiendan que el consultante entre en contacto con la baraja, ya sea mezclando el mazo o al menos cortando en dos o tres montones, según el gusto de tarotista. Nunca me sentí a gusto con la idea de darle el mazo al consultante, por eso me limito a pedirle que corte en tres. Pido que corten con la mano izquierda, pues es la “mano del corazón”, según algunas tradiciones. Pero son solo eso, tradiciones o gustos que cada uno de nosotros puede, o no, seguir. Ahora bien, el corte en tres con la mano izquierda es sólo válido al comenzar con la tirada. En el momento de las preguntas, el que baraja y corta soy yo.
Le pedí a Patricia que pensara o me dijera su pregunta, según prefiriese ella. Optó por decírmela, y una vez pronunciada, barajé las 78 cartas. Cuando consideré que era suficiente, corté formando tres montones, que procedí a dar vuelta en el lugar. Así, podía ver la carta que había quedado bajo cada uno de los montones, y luego, ir pasando los naipes hacia abajo, como si fuese el desarrollo de una columna, las cartas que en ese montón se encontrasen. No siempre veía todas las cartas del montón, sino las que consideraba necesarias. Al ser tres montones, utilicé el de la izquierda para el pasado, el del centro para el presente y el de la derecha para el futuro.
Así planteadas las cosas, creo que es evidente que la intuición fue la guía en esta primera experiencia. Y creo que es lo mejor que un tarotista puede hacer: dejarse guiar por su intuición. Ella nos dirá qué cosa es importante en ese momento, y nos hará reparar en detalles que en otra situación pasarán desapercibidos. Claro está que en todo momento utilicé “el papelito” para poder leer las cartas.

Continuará...

[1] Sobre el color del paño, hay quienes sostienen que el color negro no es recomendable. Otros autores, sostienen que se debe guardar al mazo de Tarot envuelto en un paño negro, pero que el paño de la tirada debe ser de un color pastel claro. Personalmente, creo que lo importante es seguir la intuición personal. Por muchos meses tuve un paño de color negro, luego decidí cambiarlo por uno violeta. En la actualidad, prefiero los paños violetas, azules o verdes antes que el negro, pero creo que eso es una cuestión de gustos. Insisto, lo mejor en estos casos es seguir la intuición y probar.

sábado, 20 de agosto de 2011

Tarot: tras las huellas del juego sagrado. Parte III

La primera pregunta interna que me hice al desplegar el mazo del Tarot fue: “¿Me tengo que aprender todo esto de memoria?”. Enfrentarse a 78 dibujos, algunos de ellos muy familiares por ser muy similares a los que vemos en cualquier baraja de estilo español, esa con la que jugamos al “roba-montón” o al “truco”, pero sabiendo que debemos darle un nuevo sentido y que ese nuevo sentido puede hablarnos sobre lo que podría suceder mañana, o lo que sucedió ayer, incluso contarnos sobre la vida de personas que no conocemos, puede resultar, en un principio, un tanto inabarcable. Pero aclaremos algunas cosas antes de continuar. Para empezar, debemos tener presente que todo mazo de tarot debe contener 78 cartas: ni una más, ni una menos. Sin embargo, en el mercado es posible encontrar mazos adivinatorios, algunos incluyendo el nombre “tarot”, conteniendo 36, 48 u 83 cartas. ¿Cómo se explica esto? Es sencillo. Por definición, un tarot debe tener 78 cartas, ordenadas de la siguiente manera:
  • 22 Arcanos mayores;
  • 56 Arcanos menores, ordenados en cuatro grupos, conteniendo cada uno de ellos lo siguiente: diez cartas numeradas del 1 al 10 más cuatro cartas de la Corte, a saber, Sota o Paje, Caballero, Reina y Rey;
  • Los 4 grupos se ordenan en “palos”, a saber: espadas, copas, bastos y oros.
Como se verá, la baraja española es muy similar a este modelo descriptivo de un mazo de Tarot, contando con 50 cartas (se eliminaron los Arcanos mayores, las cartas número 10 y las reinas de cada palo, y se agregan dos “comodines”). Las barajas que contengan un número diferente de cartas, o que su contenido sea diferente, pueden ser llamadas oráculos, pero no deberían ser llamadas tarot, si queremos ser precisos.
Esto nos remite a la Historia del Tarot, tarea que tampoco resulta sencilla. En este caso, voy a recurrir a los autores para hacer un repaso sobre las principales opiniones sobre el origen de este juego sagrado.
Fernanda Nosenzo Spagnolo, por su parte, afirma lo siguiente: “Los 22 arcanos mayores de las cartas del Tarot corresponden a las 22 letras del alfabeto hebreo, a los 22 grandes maestros de la Orden del Temple y a los 22 patriarcas de la Biblia. Están compuestos principalmente por los pensamientos esotéricos y espirituales de los grandes iniciados que nos han precedido y que segura mente han encontrado en ellos motivo de meditación e inspiración. […]Algunos autores sitúan su origen 35 siglos a. C.; otros en el siglo XVI. Entre una y otra fecha, todas las opiniones pueden ser válidas. En cuanto a su lugar de origen, éste se ubica, entre otros, en China, Egipto, Grecia, Italia y hasta la Atlántida. Veamos ahora qué vestigios se encuentran en Italia. Las cartas del tarot llegan hacia finales de 1300 a Ferrara y de allí, rápidamente, se difunden por toda la Italia central y del norte. Ferrara, con los estensi, se convierte entre 1400 y 1500 en la primera ciudad moderna de Europa y en uno de los máximos centros del Renacimiento. Los Estensi, emparentados con los Sforza y los Visconti de Milán, pero también con los Orléans y los Habsburgo, además de grandes aficionados al arte también lo son a los juegos, de modo que la corte y la ciudad están llenas de magos, astrólogos y adivinos, hasta el punto de inducir al mismo Papa a enviar un mensajero para averiguar qué es lo que está sucediendo allí. De todos modos, debemos decir que inicialmente las cartas del Tarot de Ferrara y de Milán nacen como simples cartas de juego. De hecho es bastante conocido todavía hoy el juego del Tarot, cuyas reglas son parecidas a las de la brisca y el juego de naipes. En cambio, por lo que respecta a la secuencia de los valores en el Tarot, con el tiempo se han codificado reglas que varían de nación a nación y de región a región: el Tarot lombardo o veneciano, las Minchiate de Florencia, el Pequeño Tarot de Bolonia, el Tarot de Mantegna y los Tarots de los Visconti. Pero veamos algunas fechas:
- 1442: en el Registro de los Mandatos de ducado estense está documentada la compra de cartas de triunfos para los caballeros. - 1456: en De Multipliciti Ludo, el jurista ferrarense Ugo Trotti califica los triunfos como un juego de puro ingenio, mientras que un anónimo grabador ferrarense hace una baraja de 50 cartas que han pasado a la historia como las cartas del Tarot de Mantegna. Éste es un ciclo iconográfico que hereda la tradición didáctica medieval, adaptándose a la cultura del Renacimiento, y en el cual se pueden cotejar numerosas analogías con las cartas del Tarot en miniatura de la corte de los Visconti, los Sforza y los Estensi.
- 1521: Pietro Aretino escribe, para la elección de Adriano VI, las Pasquinate, un conjunto de sonetos en los que los cardenales reunidos en cónclave son irónicamente designados con el nombre de cada triunfo. Treinta años después, el historiador de cómo Paolo Giovio también utilizará el mismo motivo satírico para ridiculizar a los prelados que participan en el largo cónclave que sigue a la muerte de Pablo III. Desde las cortes italianas las cartas del Tarot, afirman los historiadores, llegan a través de Suiza, a Francia: así pues el Tarot de Marsella, el más clásico y el más corriente, no sería otra cosa más que la copia (probablemente piamontesa) de un arcaico modelo de Ferrara o de Bolonia. La historia se detiene aquí: en la segunda mitad del siglo XVI, las cartas del tarot se hacen <>, se multiplican y se difunden por toda Europa gracias a la mediación francesa Veamos todavía algunas fechas significativas:
- 1660: los grabadores parisienses Noblet y Vieville imprimen un nuevo modelo de cartas del Tarot que el siguiente siglo se hará famoso con el nombre de Tarot de Marsella.
- 1781: Antoine Court de Gébelin, al analizar una baraja de cartas del Tarot de Marsella, afirma por primera vez su origen egipcio. Para sus detractores eso no era más que pura imaginación; en efecto en su tiempo se sabía muy poco de Egipto, aunque quizás jugó un papel relevante en la historia de esta técnica. Gretth Knight cuenta que Faulconnier escribe en su libro Las 21 cartas hérmeticas del Tarot adivinatorio (1886) que ha encontrado los vestigios de su origen precisa mente en los monumentos egipcios.
- 1784: Etteilla (seudónimo de Jean-Francois Alliette) publica un libro, Manière de se recréer avec on jeu de cartes nommée tarot, en el cual abraza la teoría de Court de Gébelin, pero rediseñando las figuras de las cartas de Tarot.
- 1856: Eliphas Levi imprime el Dogme et Rituel de la haute Magie, en el que afirma que estas figuras pueden ser modificadas aportando los dogmas de un esoterismo total que abarca todas las doctrinas metafísicas orientales y occidentales. Se puede decir que con Levi todo un universo misterioso, inquietan-te y mágico, entra a formar parte de las interpretación de las cartas del Tarot. En los decenios posteriores, un gran número de autores se prodigó en la creación de nuevas cartas del Tarot.”
[1]
Federico González, en El Tarot de los cabalistas, dice: "El Tarot es un libro escrito con imágenes y símbolos, cuyas láminas se van articulando entre sí, constituyendo un código. Es el origen de todos los juegos de naipes, aunque su sentido esotérico no se conserve en forma pública. Su nacimiento, se dice, se remonta al antiguo Egipto, y él constituye una manera de transmitir los símbolos secretos y sagrados de los iniciados herméticos, cuyo mayor auge se logra en la alta Edad Media y a principios del Renacimiento. Este instrumento de conocimiento ha sido diseñado especialmente por los alquimistas, filósofos y magos de la Tradición Hermética (rayo de la Tradición Unánime, condensado por los filósofos alejandrinos y expresado en el Corpus Hermeticum, atribuido a Hermes Trismegisto), no sólo para despertar imágenes y visiones, sino para explicar también la cosmología; igualmente es un conocido y eficaz vehículo predictivo […]Los orígenes históricos del Tarot son imposibles de rastrear, pero deben asociarse con la actividad lúdica-sagrada presente en todas las tradiciones conocidas y que, en base a la estructura matemática de los ritmos y ciclos universales, se refiere a la proyección de determinados acontecimientos que se manifiestan de forma cíclica, y de algún modo previsible, dada la carga que los hechos y fenómenos poseen, ya que tienden a reiterarse de una manera análoga, pero jamás exacta. En este sentido, todos los oráculos tradicionales, como el ya mencionado I Ching, la Astronomía Judiciaria de todos los pueblos, y los calendarios mesoamericanos, repiten las ideas fundamentales de la cosmogonía y su reformulación correspondiente y siempre presente. En diversas bibliotecas europeas pueden encontrarse distintos juegos de naipes, en particular italianos y franceses, que podrían ser considerados como los antecedentes directos del que hoy se conoce como Tarot de Marsella, cuya simbólica más conocida fue fijada en 1930 por Paul Marteau, aunque con antecedentes directos emanados desde el Renacimiento, y que adquieren forma casi definitiva en los siglos XVIII y XIX.”[2]
Santiago Bovisio, por su parte, enumera la siguiente historia: “1.Las veintidós figuras del Tarot, que son símbolos cosmogónicos, antropogenéticos y teológicos, son de origen atlante. 2 .Todos los pueblos arios reprodujeron estas 22 figuras en sus diversos templos, modificándolas paulatinamente. 3. Los egipcios las sacaron del obscurantismo en que habían caído, devolviéndoles su prístina belleza artística y significativa, llegando a confundir estas imágenes con sus dioses. Y todas las religiones tomaron del Tarot figuras y símbolos. 4. Los Tarots describen la formación del Universo y del Mundo, la creación del hombre, sus pasos hacia la evolución y la Iniciación, los poderes relacionados con la vida y desarrollo del ser. 5. Cada una de estas figuras tiene una corriente magnética característica, que se ha ido formando con los pensamientos de los sabios que las han venerado y estudiado, durante millares de años. 6. Durante el reinado de los Ptolomeos las figuras del Tarot fueron reformadas. Ptolomeo II, fundador de la biblioteca alejandrina, encargó la recopilación e interpretación esotérica de estas imágenes a algunos sabios judíos; estos sabios mezclaron símbolos bíblicos con las figuras, numerándolas según su alfabeto. 7. Las figuras del Tarot reformado de Egipto se perdieron durante el medioevo, totalmente suplantadas por los símbolos cristianos; pero luego las hicieron revivir: Tomás Campanella (1568-1639), en Italia; Guillermo Postel (1510-1581), en Francia; Miguel Mayer (murió en 1622), en Alemania; y Francisco Bacon (1561-1626), en Inglaterra. 8. El Tarot egipcio, en realidad, no existe; se le reconstruye en base a fundadas suposiciones y testimonios sacados de autores célebres. 9. Las figuras que actualmente se conocen son las del Tarot Italiano y las del Tarot de Postel; éstas últimas fueron ideadas por él mismo, en base a lo visto por él durante sus ensueños.”[3]
Paul Foster Case, en Resplandores del Tarot, afirma: “Este extraño mazo de cartas no tiene historia exotérica antes del siglo catorce. Los más antiguos ejemplares de dibujos de Tarot, preservados en los museos, fueron probablemente pintados por el año de 1390. La tradición oculta, no obstante, coloca la fecha de su invención por el año 1200. […] De acuerdo con la tradición oculta, antes mencionada, el Tarot fue inventado por un grupo de sabios que acostumbraban reunirse en la ciudad de Fez, en Marruecos. Después de la destrucción de la Gran Biblioteca de Alejandría, Fez llegó a ser un importante centro de estudio. Había allí una universidad que atraía estudiantes de todas partes del mundo. A esta antigua capital de la cultura vinieron ciertos miembros de una hermandad de hombres iluminados. Efectuaban conferencias en las cuales intercambiaban puntos de vista, comparaban sus más recientes descubrimientos y discutían las conclusiones filosóficas indicadas por tales descubrimientos. Uno de los más serios obstáculos en la vía del libre intercambio de ideas era la barrera de los diferentes lenguajes. Debe recordarse que aquellos hombres venían de diversas partes del globo y que estaban impedidos naturalmente por diferencias en su terminología filosófica. Así que decidieron sobre la forma de incorporar lo más importante de sus doctrinas en un libro de figuras, cuyas combinaciones dependieran de las armonías ocultas de los números. Quizás fue un Adepto CHINO quien sugirió la idea, porque los chinos tienen un proverbio: “Una pintura vale por diez mil palabras” y la escritura china está formada de pinturas convencionales. Estas figuras expresan ideas en vez de palabras; así que los chinos, japoneses y coreanos, si saben escribir, pueden comunicarse fácilmente entre sí, aunque hablan más de siete lenguas diferentes. Como armazón para su invento, los sabios escogieron el sistema simple de los números y las letras proporcionado por la Qabalah, o Sabiduría Secreta de Israel. Para comprender completamente el Tarot y hacer mejor uso de él, es necesario entender la Qabalah. Pero tal preparación no es requisito para el estudiante que apenas inicia el estudio del Tarot. El Tarot es de tal naturaleza que cualquier persona que piense, considerando sus Claves, será conducida por el sendero del conocimiento de sí mismo que culmina en iluminación, sabiduría y felicidad. Así, tarde o temprano, se pondrá en contacto con Aquellos que pueden probar su idoneidad para más avanzado entrenamiento y guiarle, si está calificado, por la porción de sendero que está oculto a nuestros ojos”[4].
El conocido ocultista Aleister Crowley, afirmó lo siguiente: “El origen de esta baraja de cartas es muy oscuro. Algunas autoridades pretenden remontarlo hasta los antiguos Misterios Egipcios; otras los fechan en una época mucho más tardía, el siglo XV e incluso el XVI. Pero el Tarot ya existía indudablemente en lo que puede denominarse forma clásica en el siglo XIV, pues aún se conservan barajas de esta fecha y la forma no ha variado en ningún aspecto notable desde aquel entonces. En la Edad Media estas cartas fueron muy utilizadas para predecir la fortuna, especialmente por parte de los gitanos, de modo que era habitual hablar del «Tarot de los Bohemios» o «Egipcios». Cuando se descubrió que los gitanos, a pesar de la etimología, eran de origen asiático, hubo quien trató de hallar el origen del Tarot en el arte y la literatura de la India.”[5]
Papus, siguiendo la línea anterior, nos dice: "Los bohemios poseen una biblia; esta biblia les facilita el diario vivir, pues con ella predican la buenaventura; esta biblia es también un motivo continuo de ocio, puesto que les permite entretenerse jugando. Sí, ese juego de cartas denominado Tarot, que poseen los bohemios, es la biblia de las biblias. Es el libro de Thot-Hermes-Trismegisto, es el libro de Adán, es el libro de la revelación primitiva de las antiguas civilizaciones. […] Este juego de cartas de los bohemios es un libro maravilloso, como acertadamente lo ha observado Court de Gébelin y sobre todo Vaillant. Este juego, con el nombre de Tarot, Torá, Rota, ha formado sucesivamente la base de la enseñanza sintética de todos los pueblos antiguos. Allí donde el hombre del pueblo no ve otra cosa que un simple pasatiempo, los pensadores vuelven a encontrar la clave de esta oscura tradición. Raymond Lulle basa su Ars Magna sobre el Tarot y logra reemplazar el cerebro humano con el automatismo de aquél; Jerome Cardan escribe sobre las claves del Tarot un tratado de la sutilidad; Guillaume Postel halla en el Tarot la llave de las cosas ocultas y Louis Claude de Saint Martin, el filósofo desconocido, ve descriptos en ellos los lazos misteriosos que unen a Dios, el Universo y el Hombre.”[6]
Jimena Fernández Pintos nos propone, de manera resumida, lo siguiente: “El Tarot está compuesto por 78 cartas de origen desconocido, con 22 Arcanos Mayores y 56 Arcanos Menores […] y ancla sus raíces en el hermetismo, la astrología, la numerología, la cábala, la alquimia y corrientes filosóficas como el neoplatonismo.”[7]
En una visión menos cargada de misterio, Eveleyn y Terry Donaldson nos dicen: “La baraja de Tarot más antigua que se conoce tiene su origen en la Italia del siglo XIV, donde un noble italiano hizo pintar a mano una baraja como regalo para la boda de sus hijas. El Tarot era y todavía es un juego de cartas. Conocido en Europa como el tarocchino, consiste concretamente en un juego de números donde cada naipe tiene un valor, y el jugador con la mano más alta gana. ¿Los símbolos místicos y temas religiosos que expresan las cartas fueron deliberadamente introducidos como consecuencia de ciertas enseñanzas esotéricas o, como parece más probable, su integración fue parte de un proceso más que de una decisión deliberada? Esta pregunta ha suscitado extensos estudios y debates. Las cartas representan los principales aspectos de la vida y muestran lo que podemos aprender de nosotros mismos. Cada naipe recibe el nombre de Arcano, que significa «misterio», pero yo prefiero considerarlos como «explicaciones»: un misterio es algo indescifrable, mientras que una explicación nos permite vivir la vida con un mayor grado de conciencia y, por lo tanto, con mayor capacidad de ser felices. Lo más importante no es lo qué «hay» en las cartas sino lo que somos capaces de ver en ellas. Según nuestros conocimientos, veremos en los naipes la representación de leyendas, cuentos mitológicos y alusiones a «enigmas» y sus respectivas explicaciones. El trabajo con las cartas puede compararse, en cierto modo, con la asistencia a un gimnasio: desarrollar lo que está latente en cada individuo de acuerdo con la cantidad de esfuerzo y trabajo invertidos.”[8]
Siguiendo con esta línea, Alejandro Jodoroswky afirma: “Nadie sabe quien invento el Tarot, ni donde, ni cuando. Nadie sabe lo que significa esta palabra, y tampoco a que idioma pertenece. No se sabe tampoco si esta al origen del juego de cartas o solamente el resultado de una lenta evolución que hubiera empezado por la creación de un juego de cartas llamado "naïbbe" (cartas) y al cual se le hubieran agregado los ARCANOS MAYORES y las PINTAS: Primer punto de referencia certero, la prohibición en 1376 en Bern, del juego de cartas. En 1392, esta dicho en las minutas de Charles Peupart, tesorero de Carlos VI, se pagaron 56 sols al Jacquemin Gringonneur de París, para pintar tres juegos de cartas en dorado. Pero esto no quiere decir que Gringonneur haya inventado el Tarot... En 1377, un monje alemán – Johannes- menciona un juego de carta que habría visto en suiza. En España, se señala la aparición del juego de cartas en 1378. En 1457, San Antonio, en su "Tratado de Teología" hace referencia al Tarot. En 1500, un manuscrito latín – "Sermones de ludo cum aliis"- contiene la lista de los ARCANOS MAYORES. Hasta el siglo XVIII, el Tarot es asimilado a un juego de azar y su sentido profundo pasa desapercibido. Se copian los dibujos, se los transforman, se los mutila, se adornan con retratos de nobles, se les pone al servicio a la suerte de la corte. Pero en 1781, el autor francés Court de Gebelin redescubre el Tarot (de Marsella) y lo presenta en el noveno volumen de su "Mundo Primitivo". Agregando un cero al LOCO, equivocándose en los números del EREMITA y de la templanza agregando un pie a la mesa del malabarista, transformando el cetro del Papa, dibujando el Ahorcado de pie etc., pretende también corregir los "errores" del original y, ignorando sus inexactitudes, dándole al Tarot un origen puramente inventado: las 22 CARTAS Mayores serán jeroglíficos perteneciendo al "Libro del Toth" rescatado de las ruinas egipcias hace mas de mil años... Diez años mas tarde, un adivino, el barbero Eteilla "restaura" la "significación" del Tarot de Marsella y establece entre sus Lames fantasiosas unas menos fantasiosas relaciones con la Astrología y la Kabbale. ¡Y desde entonces, miles de libros fueron escritos demostrando que el Tarot toma su fuente de los Egipcios, los Chaldeos, los Hebreos, los Arabes, los Hindus, los Griegos, los Chinos, los Mayas, los Extraterrestres, los Suprahumanos, cuando no se evoca al Atlántida o a Adam si mismo susceptibles de haber dibujado los primeros bosquejos! La palabra TAROT seria egipcia (TAR: caminos; RO, ROS, ROB: real), hindu-tartaro (TAN-TARA: zodiaco), hebreo (TORA: ley), latín (ROTA: rueda; ORAT: el habla), sánscrito (TAT: el todo; TAR-O: estrella fija), Chino (TAO), etc. Diferentes grupos étnicos y religiosos, diferentes sociedades secretas se han reivindicado la paternidad: Gitanos, Judíos, Masones, Rosa-Cruz, Sofistas... Encontramos influencias de los evangelios y del relato del Apocalipsis (en las Lames como EL MUNDO, EL AHORCADO, LA EMPERATRIZ, LA JUSTICIA, LA TEMPLANZA, LA FUERZA, EL DIABLO, EL PAPA, EL JUICIO), enseñanzas tantricas, del "YI KING" y del calendario solar azteca. Algunas ven en el Tarot una obra de alquimia, kabbalistica, astrológica, aritmomancica. Cada sociedad, cada nudo esotérico, cada rama de la magia, cada Iniciado, cada nacionalidad, cada artista sienten entonces la necesidad de pintar por fin el verdadero Tarot...”[9]
Como se verá, existen diversas teorías acerca del origen del Tarot. No es mi intención polemizar sobre cuestiones históricas, ni determinar cuál de las teorías transcriptas tiene mayor o menor asidero. Confío en que tú, lector/a optarás por aquella teoría que tenga los elementos más sólidos según tu criterio, o bien aquella teoría que te sea más agradable o posible de aceptar.
Pero pasemos ahora al siguiente paso: ¿cómo elegir nuestra baraja de Tarot?

Continuará...

[1] NOSENZO SPAGNOLO, Fernanda. Guía práctica del Tarot. Ed. Martínez Roca, Barcelona, 1997. Pp. 4-6.

[2] GONZÁLEZ; Federico. El Tarot de los cabalistas. Barcelona, 1981. Pp. 4-5.

[3] BOVISIO, Santiago. Libro XLIV: El Tarot (s/d) Pág. 2.

[4] FOSTER CASE, Paul. Resplandores del Tarot. Ed. Biblioteca Upasika, Montevideo. Pp. 8y9.

[5] CROWLEY, Aleister. El libro de Thoth. Ed. Luis Cárcamo, Madrid, 1985. Pág. 3.

[6] PAPUS. El Tarot de los bohemios. (s/d) Pp. 6-7.

[7] FERNÁNDEZ PINTOS, Jimena. Curso práctico de Tarot. Ed. Océano/Ámbar. Pág. 8.

[8] DONALDSON, Evelyne y Terry. Conceptos básicos. El Tarot (s/d) Pág. 2.

[9] JODOROWSKY, Alejandro. El Tarot de Marsella restaurado o El arte del tarot. (s/d). Pp. 1-3.

martes, 16 de agosto de 2011

Ritual de Consagración de las Cartas


En una publicación anterior compartí con ustedes una forma de purificar las cartas que usamos con fines adivinatorios, ya sea tarot u oráculo. hoy quiero compartir una forma de consagración de las cartas.
La consagración se hace con el fin de conectar nuestras tiradas a una divinidad en particular, es una dedicación. Lo haremos con la divinidad que creamos más conveniente, en general es una cuestión de afinidades y cada quien dedica sus cartas a la divinidad con quien se siente más a gusto. Si no tenemos una divinidad definida podemos dedicar unos días a la lectura de los distintos panteones y sus historias.
Una vez que tenemos nuestra divinidad seleccionada pasaremos a consagrar nuestras cartas, luego de purificarlas, por supuesto. Este ritual se lleva a cabo en luna llena.

Materiales:
- 1 vela blanca
- carbón vegetal e incienso y mirra (puede ser una varita o conito)
- 1 recipiente con agua
- 1 recipiente con sal
- tela de algodón (preferentemente negra)


Procedimiento: HS*

Extender la tela en una superficie plana (puede ser el suelo) y preparar los materiales de la siguiente manera: Este - Incienso; Norte - vela; Oeste - Agua; Sur - Sal.
Nuestra posición será de cara al Sur ( A la Tierra)

La consagración la haremos a través de los elementos, comenzando por el Este.

Espíritus del Este, elementos del Aire, yo invoco su presencia en este ritual de consagración de mis cartas. Yo consagro estas cartas en nombre de la Diosa ( decir el nombre de la diosa a la que consagramos las cartas). Imaginamos un haz de luz amarilla que desciende sobre el altar.

De cara al Norte:

Espíritus del Norte, elementos del Fuego, yo invoco su presencia en este ritual de consagración de mis cartas. Yo consagro estas cartas en nombre de la Diosa ( decir el nombre de la diosa a la que consagramos las cartas). Imaginamos un haz de luz roja que desciende sobre el altar.

De cara al Oeste:

Espíritus del Oeste, elementos del Agua, yo invoco su presencia en este ritual de consagración de mis cartas. Yo consagro estas cartas en nombre de la Diosa ( decir el nombre de la diosa a la que consagramos las cartas). Imaginamos un haz de luz azul que desciende sobre el altar.

De cara al Sur:

Espíritus del Sur, elementos de la Tierra, yo invoco su presencia en este ritual de consagración de mis cartas. Yo consagro estas cartas en nombre de la Diosa ( decir el nombre de la diosa a la que consagramos las cartas). Imaginamos un haz de luz verde que desciende sobre el altar.

Ahora canalizaremos la energía a través de nuestras manos, con las palmas abiertas hacia abajo sobre las cartas. Visualizaremos una luz blanca que proyectamos a través de nuestras manos, mantendremos esa postura hasta qeu la luz se difumine. Las cartas ya están consagradas :)

Ahora agradeceremos a los Elementos (podemos usar la misma fórmula que está en el ritual de purificación de las cartas, en la etiqueta "Tarot") y los despediremos. Comenzando desde el Sur y en sentido horario.

Apagamos la vela. Tiramos el Agua, la Sal, el carbón y los restos de incienso por el desagüe. La vela la guardamos para próximos rituales al igual que la tela. )0(








jueves, 28 de julio de 2011

Ritual Wiccano de Purificación de las Cartas


Muchos de nosotros hemos elegido como método de adivinación el tarot o el oráculo. Ni bien adquirimos un mazo de este tipo de cartas debemos utilizar algún método de purificación.
A continuación les voy a detallar el que yo utilizo, que por supuesto no es el único pero puede servirles de guía a la hora de realizar o diseñar el suyo.

Materiales:

-1 vela blanca
-incienso purificador (puede ser varitas de sándalo y mirra, puede ser sándalo y mirra para quemar en un carboncito vegetal o puede ser una mezcla de romero, laurel y lavanda*
-1 recipiente con sal
-1 recipiente con agua
-1 paño de tela de algodón de unos 60 cm de lado más o menos preferentemente de color negro y de ser posible adquirido específicamente para este fin.
*La mezcla puede ser un preparado de hierbas purificadoras a gusto de cada uno.

El Ritual:

En una noche de luna llena vamos a extender la tela negra en el altar (si no tienen altar lo hacen en una mesa o en el suelo, da igual). La disposición de los elementos es la siguiente:

Norte – Vela
Este - Incienso
Sur – Sal
Oeste – Agua
En el centro colocaremos el mazo de cartas

Procederemos ahora a encender la vela e invocar a los cuatro Elementos.
De cara al Este:

Espíritu del Este, elemento del aire, yo invoco tu presencia en este ritual de purificación. En el nombre de la Diosa y el Dios.

Visualizaremos un cono amarillo que desciende sobre el altar. (un rayo, una onda, lo que les sea más sencillo visualizar) el color inunda todo a nuestro alrededor.

De cara al Norte:

Espíritu del Norte, elemento del fuego, yo invoco tu presencia en este ritual de purificación. En el nombre de la Diosa y el Dios.

Visualizaremos un cono rojo que desciende sobre el altar.

De cara al Oeste:

Espíritu del Oeste, elemento del agua, yo invoco tu presencia en este ritual de purificación. En el nombre de la Diosa y el Dios.

Visualizaremos un cono azul que desciende sobre el altar.

De cara al Sur:

Espíritu del Sur, elemento de la Tierra, yo invoco tu presencia en este ritual de purificación. En el nombre de la Diosa y el Dios.

Visualizaremos un cono verde que desciende sobre el altar.

Ahora que los cuatro Elementos están presentes de cara al Sur tomaremos una carta e imaginaremos en ella una energía gris que la rodea mientras vertimos sal en ella, la pasamos por el humo del incienso, por la llama de la vela y finalmente la rociamos con agua (lo importante es que tenga contacto con cada elemento; ojo con el agua, basta con salpicarla un poquito, la idea no es estropearlas si no están plastificadas). Mientras la pasamos por cada uno de los elementos visualizamos que esa energía gris se va difuminando hasta desaparecer.
Repetiremos este procedimiento con cada una de las cartas. Y las guardaremos en una bolsita de algodón o en una tela de algodón (yo elijo el color negro para esto pero no es excluyente) además puede introducirse en la bolsita un cristal de protección (cuarzo, amatista).
Una vez finalizado este ritual debemos despedir a los Elementos que tan amablemente nos han acompañado. Para ello haremos lo que al principio pero a la inversa:

De cara al Sur:

Espíritu del Sur, Elemento de la Tierra, te doy las gracias por tu presencia en mi ritual. Feliz Partida.

Imaginaremos que el color verde se eleva en el aire y desaparece.

De cara al Oeste:

Espíritu del Oeste, Elemento del Agua, te doy las gracias por tu presencia en mi ritual. Feliz Partida.

Imaginaremos que el color azul se eleva en el aire y desaparece.

De cara al Norte:

Espíritu del Norte, Elemento del Fuego, te doy las gracias por tu presencia en mi ritual. Feliz Partida. (o puedes ir en paz)

Imaginaremos que el color rojo se eleva en el aire y desaparece.

De cara al Este:

Espíritu del Este, Elemento del Aire, te doy las gracias por tu presencia en mi ritual. Feliz Partida.

Imaginaremos que el color amarillo se eleva en el aire y desaparece.


Nuestras cartas ya están purificadas. La sal, el agua y las cenizas se pueden desechar por el desagüe. La vela se puede reutilizar en otro ritual de purificación.

domingo, 19 de junio de 2011

Tarot: tras las huellas del juego sagrado. Parte II

No recuerdo con exactitud en qué momento, después de haber leído algunos libros sobre Tarot, hice “el papelito”, pero no fue antes de pasar un mes y medio, como mínimo. El papelito era un resumen de los significados de las cartas, divididas en Arcanos Mayores, primero, y luego cada palo de la baraja. A su vez, incluía los significados de cada carta al derecho como invertida.
La honestidad y la sinceridad deberían estar presentes en todas las tareas que emprendamos. Pues bien, para ser honesto y sincero con ustedes, les cuento que “el papelito” no fue creación mía, sino que lo bajé de Internet. Es decir, no me tomé el trabajo de cotejar libro por libro, artículo por artículo lo que los autores dicen sobre cada significado de cada una de las 78 cartas del Tarot, sino que una noche, di con un sitio de Internet, cuya dirección no recuerdo, en la que se ofrecía una tabla con los significados resumidos de la manera que señalé más arriba. Pues bien, mi intuición me dijo que esa guía podía ser tomada como fiable, y así procedí a pegarla a un documento de Word y la imprimí.
Así pues, durante mis primeras lecturas, “el papelito” fue una gran ayuda para mí. Si tuviera que buscar una metáfora, diría que fueron las rueditas para la bicicleta, esas que se usan cuando los niños son chicos y recién aprenden a andar en la bici. Son un apoyo y evitan que se caigan, es decir, sirven para dar seguridad. Pues bien, “el papelito” me daba seguridad, seguridad de que no iba a caer al interpretar mal alguna carta. Con el tiempo, me di cuenta que eso en realidad, es casi imposible, pero eso lo veremos más adelante.
El único problema que yo encuentro en el uso de un soporte o muleta como en este caso, es la dependencia que puede generar. Consciente de ello, siempre traté de no tener que mirar tanto en la hoja para poder interpretar el sentido de la tirada. Al principio era casi imposible no mirar la hoja: las cartas se me hacían imposibles de interpretar sin una ayuda, una pista aunque más no fuera. Con el tiempo, me fui acostumbrando, y algunas cartas comenzaron a hablarme de manera más clara. Así, ya sabía que X significaba la posibilidad de un viaje, o que Y significaba la posible llegada de un amor, etc. Ahora, hagamos algunas puntualizaciones, que considero importantes. Cada lectura del Tarot es un acto de interpretación. Interpretar significa darle, a algo, un sentido. Un intérprete es aquella persona que está capacitada para traducir, y en ese sentido un tarotista es un intérprete. Cada vez que desplegamos las cartas sobre la mesa, nos encontramos con un conjunto de dibujos, imágenes, que relacionadas entre sí de determinada manera, pueden interpretarse, traducirse de una manera u otra.
Desde el área de la psicología, hay quienes sostienen que todo ser humano piensa en palabras, es decir, el acto de pensar consiste en poner en palabras –que dependerán de la lengua madre que tengamos o del idioma que estemos usando por la razón que fuere-, aquellas sensaciones que percibimos. Así, cuando somos capaces de decir que tenemos frío, que estamos tristes o alegres, lo que estamos transmitiendo es una sensación, que pudimos identificar primero para luego adjudicarle una palabra. De esa forma podemos comunicarnos. Sin embargo, hay quienes desde el área de la antropología sostienen que el ser humano piensa en imágenes. Nuestra mente recuerda episodios vividos y sensaciones percibidas como imágenes, que nuestra cultura –ya sea la cultura madre, aquella en la que nacimos, o la cultura en donde vivimos en la actualidad-, traduce en palabras, para poder comunicarnos con los demás. Si aceptamos esta última posibilidad, vemos que el lenguaje se encuentra en una situación de desventaja, limitada si se me permite, pues resulta complejo poder transmitir una imagen en su totalidad utilizando palabras, que pueden tener más de un sentido, y más de un significado. Por lo tanto, la explicación que hacemos sobre una imagen siempre es mucho más vasta y compleja que contemplar la imagen en cuestión, o bien una reproducción de la misma o una representación de la imagen primera.
El Tarot ha sido comparado con una biblioteca de 78 libros, o en una visión más modesta, con un libro de 78 páginas. Hay quienes han llamado a la baraja como “máquina de 78 piezas”, en la que las combinaciones entre piezas es fundamental a la hora de ver el resultado final. Pues bien, más allá de la metáfora que utilicemos, es cierto que al desplegar las cartas sobre la mesa nos encontraremos con una serie de imágenes, a las que daremos un sentido en palabras. Este es un proceso complejo, en la que entran en juego un conjunto importante de procesos mentales en el tarotista, procesos que le permiten decir, poner en palabras, aquello que ve.
Mi intención es aportar herramientas a quienes pretendan introducirse en el mundo del Tarot, pero no pretendo determinar el significado de cada carta en particular, ni explicitar cómo se debe leer si El Loco se encuentra a la derecha de El Mago, con un siete de bastos encima. No, mi intención es otra. Mi intención es comprender qué significa leer las cartas, cómo podemos prepararnos para esa tarea, y qué implicaciones tiene decirse tarotista. Así, desarrollaré mis creencias acerca de cómo llega el tarotista a comprender el significado de cada carta en particular y en general, en relación con otras. Estas creencias personales provienen de mi práctica concreta con el Tarot, y es esta experiencia la que pretendo y deseo exponer a tus ojos, querido/a lector/a. Así pues, comencemos a transitar el camino del Tarot.

continuará...

sábado, 18 de junio de 2011

Tarot: tras las huellas del juego sagrado. Parte I

Aquella noche fuimos a la casa de Patricia. Cada quince días, a veces una vez por mes, solíamos ir Giovanna y yo a lo de Patricia, para charlar de sus cosas, comer algo y luego, poder comentar lo que habíamos visto y oído en la visita. Muchas veces creí que visitarla y estar al tanto de sus historias amorosas, o luego ser testigos de su romance con Andrés era una manera de reafirmar, conscientes o inconscientes de ello, nuestra relación y nuestra manera de ver al mundo. Como fuere, aquella visita no sería igual que las demás, por las cosas que se dispararon en mí a partir de ese momento hasta el presente.
Aquella noche, Patricia nos volvió a hablar de su relación con Gisela Saravia, una reikista que atendía cerca de la rambla, y de quien, por alguna razón, tanto Giovanna como yo sospechábamos de sus intenciones. Hacían varios meses que Patricia asistía a las sesiones de reiki con esta terapeuta, y por las cosas que confesaba, le tenía muchísima confianza y respeto. Creo que era esa confianza casi ciega la que me intranquilizaba, pues había colocado a Gisela en un lugar idealizado, digno de los dioses del Olimpo. Una vez más, Patricia nos contó sobre sus sesiones de reiki, los beneficios que encontraba en ver semanalmente a su terapeuta, las cosas que Saravia le comentaba en cada sesión… Porque no solo cumplía con sus funciones de reikista sino que Gisela también se reconocía como vidente, por lo que en cada sesión, compartía con mi amiga lo que su percepción o videncia le permitía ver.
Un incrédulo dirá que existen frases dichas por videntes, tarotistas y esoteristas varios que son, en definitiva, lugares comunes. Todos tenemos problemas y quizás una pena no resuelta, deseamos un amor que valga la pena o un trabajo que nos permita vivir cómodamente sin preocuparnos por las cuentas. Claro que cuando las observaciones que estas personas realizan son certeras, y aportan detalles que solo el consultante conoce, el incrédulo no encuentra respuesta más que refugiarse en la casualidad. Pero yo no creo en las casualidades. Dios no juega a los dados…
Esa charla que tuvimos con Patricia aquella noche destrabó ciertos recuerdos que yo tenía casi olvidados. Recordé cuando a mis 11 años, pasaba camino a la escuela por una juguetería para ver en su vidriera un mazo de cartas de Tarot. Recordé con qué ganas hubiera comprado ese mazo de haber tenido el dinero que se pedía por él, si no hubiera representado una fortuna para mí en ese entonces, y si la religión de mis padres no me hubiera influido tanto. Mis padres eran Testigos de Jehová: ¿cómo podía yo interesarme en unas barajas, instrumento demoníaco o satánico, creado para la adivinación, cosa que Jehová Dios prohíbe y detesta? ¿Cómo podía yo, con todo el conocimiento de la verdad que tenía, sentirme tan atraído por ese mazo de cartas? Lo cierto es que, todos los días, pasaba por la vidriera de la juguetería para ver el mazo de Tarot, pensando que algún día, me compraría ese juego de barajas.
También recordé cómo con unos 13 años, aproximadamente, leí en la Biblioteca Nacional el “Grimorio de San Cipriano”, libro de magia ceremonial de tiempos medievales. Recordé con qué deseo y entusiasmo imaginé construir una espada según las medidas que el libro proporcionaba, y me dirigía al Arroyo Miguelete para, una noche de Luna llena, poder consagrarla como el mago detallaba en la publicación. Claro que también recordé cómo enumeraba en mi mente los inconvenientes de dirigirme nada menos que al Arroyo Miguelete con una espada en la mano, porque andar con una espada a las doce de la noche no es algo que todo ciudadano haga, y porque la costanera del arroyo representaba en mi mente uno de los lugares más peligrosos de la ciudad. Creo que inconscientemente asociaba los olores desagradables que del arroyo procedían con lo feo, sucio, malo y peligroso, sin que hubiese otra alternativa posible.
Pero no solo leí el grimorio en cuestión, sino que recordé cómo en la Biblioteca leí otros libros con temáticas similares, como libros de hechizos y encantamientos, libros sobre vampiros, monstruos de diversas especies, etc. Siempre fui un ávido lector, y la Biblioteca Nacional me permitió ampliar y diversificar mi lectura. Así, la alquimia, el esoterismo, la kabbalah, el diccionario de Champollion, las sociedades secretas como la masonería o los rosacruces, entre otros desfilaron ante mis ojos, junto con las obras de Sir Arthur Conan Doyle, Bram Stocker, William Shakespeare, entre muchos más.
La conversación con Patricia me hizo recordar que con unos 15 años, aproximadamente, aprovechando que estaba solo en casa, me encerré en mi cuarto y con un lápiz labial de mi madre, realicé un círculo en el piso, y dibujé dentro una estrella de cinco puntas. Recordé que me desnudé completamente y me senté a contemplar el pentáculo que había dibujado. Encendí una vela, y allí me quedé contemplando el suelo. Luego esperé ver imágenes en la llama de la vela, realicé rezos que según mi educación religiosa hasta el momento eran prohibidos o no tenían sentido, invoqué presencias espirituales y me decidí a hacer un par de experimentos. Con una piola y un tornillo grueso, que convenientemente estaba perforado a lo largo, improvisé un péndulo, al cual le hice preguntas. No sé si antes había visto hacer esto, o si este impulso provino de algún otro lugar desconocido, pero sea como fuere, recuerdo que el péndulo se movió. No conforme del todo, coloqué en el suelo del cuarto dos bolitas de vidrio, de esas con las que se jugaba en la escuela, y me dediqué a mirarlas, fijamente, deseando que se movieran. Y una de ellas se movió, como despedida o rechazada por la bolita que tenía al lado. Creo que me asusté o sorprendí, pero también me sentí especial y, en mi ignorancia, poderoso...
Algo en la charla con Patricia disparó estos recuerdos, y en la semana que siguió a este encuentro, comprarme unas barajas de Tarot fue casi una obsesión para mí. Por alguna razón, yo sabía que el mazo que quería era el llamado Tarot de Marsella, así que recorrí librerías y casas especializadas buscando el mejor precio. Para mi disgusto y preocupación, el precio oscilaba entre los $700 y los $1300, cifras prohibitivas para mi bolsillo. Hasta que a la segunda tarde, si mal no recuerdo, pregunté en un comercio a seis cuadras de mi casa. Para mi alegría, no solo vendían tarots, sino que el costo era de tan solo $450.
Creo que no es necesario que explique la excitación con la que fui a comprar mi primer mazo de barajas. Al llegar a casa, abrí el mazo, las recorrí una por una, les sentí su olor, y al poco rato las guardé...

Casi por tres meses las cartas estuvieron guardadas, mientras yo leí todo cuanto pude sobre la historia del Tarot, el significado de las cartas, las distintas maneras de leerlas o “tirarlas”, etc. Una tarde, Patricia llamó a casa, angustiada por sus problemas sentimentales. La atendió Giovanna y luego de hablar un rato, me llama y me dice:
-Migue, dice Pato si le podés tirar las cartas-. En realidad, no habían pasado los tres meses que yo supe, desde el primer momento, debían pasar, y sin embargo, algo me decía que no estaba mal si aceptaba esa oportunidad. -Bueno…está bien, decile que sí. Pero decile que se las tiro con el papelito al lado…

continuará...